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BBVA apuesta por el futuro verde con nueva unidad de financiación tecnológica

BBVA ha dado un paso significativo hacia el fortalecimiento de su compromiso con la sostenibilidad y el apoyo a la revolución industrial verde, con el anuncio de Carlos Torres, presidente del banco, sobre la creación de una nueva unidad especializada en financiación de tecnologías limpias. Esta iniciativa posiciona al BBVA como un líder en la transición hacia una economía más sostenible, reconociendo la urgencia de actuar contra el cambio climático y el potencial económico de las soluciones de energía limpia.

La nueva unidad operará desde Nueva York, Londres y Madrid, enfocándose en ofrecer préstamos y asesoramiento a proyectos que promuevan la innovación en tecnologías limpias. Con un equipo inicial de aproximadamente 20 personas, BBVA busca impulsar el crecimiento exponencial de estas tecnologías, subrayando la importancia de que la transformación energética sea económicamente viable a nivel global.

Este movimiento es parte de una estrategia más amplia de BBVA para promover la descarbonización y financiar iniciativas sostenibles. La entidad ya ha establecido objetivos intermedios para reducir la huella de carbono de su cartera en sectores clave y ha decidido cesar la financiación de empresas vinculadas a la industria del carbón para 2040. Además, BBVA ha aumentado su meta de financiación sostenible a 300,000 millones de euros hasta 2025, reafirmando su compromiso con el medio ambiente y la sostenibilidad económica.

Este anuncio no solo refleja la respuesta del banco a la creciente demanda pública de acciones climáticas sino que también destaca el reconocimiento de las oportunidades económicas que las tecnologías limpias presentan. Al integrar la financiación de tecnologías limpias en su núcleo estratégico, BBVA se posiciona como un agente clave en la facilitación de la transición hacia una economía baja en carbono, especialmente en economías emergentes donde el acceso a tales tecnologías es crítico para el desarrollo sostenible.

Con información de El Economista | Nota original

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