A poco más de 100 días de asumir nuevamente la presidencia, Donald Trump enfrenta su primera gran sacudida política y económica. La contracción del Producto Interno Bruto (PIB) estadounidense durante el primer trimestre del año ha encendido las alarmas entre empresarios, consumidores y aliados internacionales, dejando en entredicho las promesas de crecimiento y control de la inflación con las que convenció a los votantes.
Esta caída económica ocurre en un entorno marcado por la volatilidad bursátil —el peor inicio de un mandato presidencial desde Gerald Ford en 1974— y una creciente desconfianza generalizada. Mientras Trump insiste en que su estrategia traerá de vuelta la manufactura y una nueva era de prosperidad, los efectos inmediatos de su agresiva política comercial ya empiezan a sentirse: cadenas de suministro presionadas, posibles alzas de precios y riesgos de escasez de insumos clave.
El presidente ha defendido sus medidas arancelarias como un camino necesario hacia la autosuficiencia, pero incluso algunos de sus asesores reconocen que la ejecución fue apresurada. Aunque Trump ha prometido que otros países “suplicarán” por acuerdos, lo cierto es que su administración ya ha tenido que emitir múltiples excepciones para evitar dañar a sectores estratégicos como el automotriz.
En el frente político, el momento no podría ser más delicado. Según encuestas recientes, más del 50% de los ciudadanos desaprueban su manejo económico, y la percepción de que no tiene control sobre los efectos de sus políticas comienza a calar hondo. La situación recuerda a la caída de popularidad de Joe Biden tras la retirada de Afganistán, un episodio que marcó su presidencia.
Las promesas de inversión, como la de Apple para destinar 500 mil millones de dólares en manufactura nacional, podrían tardar años en materializarse. Mientras tanto, los consumidores ya están enfrentando precios más altos, y la administración teme que se les culpe directamente. De hecho, Trump habría contactado a Jeff Bezos para evitar que Amazon muestre a los compradores los cargos por aranceles.
A nivel internacional, la respuesta ha sido variada. Mientras Trump presume un acercamiento con India, Corea del Sur y Canadá, el nuevo primer ministro canadiense, Mark Carney, ya ha declarado el fin de la era de integración con Estados Unidos. Por su parte, China ha respondido con un arancel del 145% a productos estadounidenses, paralizando de facto el comercio bilateral y dejando barcos sin descargar para evitar los costos.
La apuesta de Trump es clara: que el daño a las economías extranjeras obligue a ceder. Pero sus oponentes, como el presidente chino Xi Jinping, parecen determinados a resistir, esperando que el propio electorado estadounidense imponga los límites. Así, la gestión económica de Trump se enfrenta no solo a los mercados, sino también a una prueba política de gran envergadura.
Este artículo ha sido elaborado a partir de información publicada en Entrepeneur Para leer la nota original, visita: Una advertencia económica en Estados Unidos y una sacudida política – The New York Times
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