Resumen ejecutivo
El informe de Hacienda para el cuarto trimestre de 2025 construye una narrativa de “estabilidad macro” y “normalización fiscal” con tres mensajes centrales: (1) la economía habría cerrado el año con crecimiento moderado; (2) el ajuste fiscal avanzó de manera relevante frente a 2024; y (3) la deuda amplia se mantiene en una trayectoria “sostenible”. Los datos duros que sustentan esa historia son claros: déficit presupuestario de 3.9% del PIB, RFSP de 4.3% del PIB, balance primario -0.2% del PIB, y SHRFSP en 52.6% del PIB. En ingresos, destaca una recaudación tributaria histórica (15.1% del PIB) y un repunte importante en impuestos asociados a importaciones, en línea con mayor fiscalización aduanera. Del lado del gasto, se subraya el avance del gasto social (13.1% del PIB), mientras que la inversión física se ubica en 2.2% del PIB, un nivel que, aunque defendible coyunturalmente, luce limitado para una economía que necesita elevar productividad y crecimiento potencial.
Análisis
1) Consolidación fiscal: avance real, pero todavía con “costo de crecimiento”
El ajuste fiscal de 2025 es significativo en términos comparativos: pasar de un déficit presupuestario de 5.0% del PIB (2024) a 3.9% (2025) es una reducción relevante. Sin embargo, hay dos matices que importan para una lectura seria:
- El balance primario sigue en terreno negativo (-0.2% del PIB). Eso significa que, incluso antes de pagar intereses, el sector público todavía requiere financiamiento para cubrir su operación. En términos de sostenibilidad, la consolidación es más sólida cuando el primario se vuelve superavitario de forma persistente.
- El dato que más pesa para la trayectoria de deuda es RFSP (4.3% del PIB), que captura mejor las necesidades financieras amplias. La reducción es positiva, pero el nivel sigue siendo alto para un país que, al mismo tiempo, necesita elevar inversión pública productiva y no solo “aguantar” el ciclo.
Lectura desde crecimiento y desarrollo: una consolidación fiscal que descansa más en contención del gasto y mejoras de recaudación por fiscalización puede ser efectiva en el corto plazo, pero si no se acompaña de un rediseño que proteja (o eleve) inversión productiva, el resultado puede ser una economía más “ordenada” pero igual de lenta.
2) Ingresos: el récord tributario es buena noticia, pero hay que separar estructura de coyuntura
Que la recaudación llegue a 15.1% del PIB es una señal positiva, sobre todo en un país donde históricamente la carga tributaria ha sido baja frente a pares. Ahora bien, para evaluar calidad de ingresos hay que distinguir:
- Efecto permanente (estructura): ampliación de base, mejor cumplimiento, simplificación administrativa, digitalización y mejoras de gestión.
- Efecto transitorio (coyuntura): choques de importaciones, tipo de cambio, ciclos de utilidades, medidas aduaneras específicas y operativos intensivos que pueden perder tracción con el tiempo.
El salto en impuestos a importaciones (+21.4% real) es particularmente revelador: habla de una mezcla de fiscalización y cambios en tratamiento de importaciones de bajo valor. Eso puede ser eficiente recaudatoriamente, pero también introduce un tema de competitividad: si el enfoque se vuelve esencialmente recaudatorio y no se acompaña de facilitación comercial y logística, el costo lo absorbe la cadena productiva (tiempos, trámites, costos de cumplimiento), justo donde México necesita ser más competitivo.
3) Gasto: el peso del gasto social y el “hueco” de la inversión física
El reporte presume (con razón política) el avance del gasto social a 13.1% del PIB. El problema es de composición: para desarrollo económico, gasto social e inversión pública no compiten, se complementan. El punto es que el equilibrio actual luce descompensado:
- Inversión física: 2.2% del PIB. Ese nivel es bajo para el tamaño de los retos de infraestructura, energía, agua, seguridad logística y conectividad. Incluso si parte de la infraestructura ocurre vía inversión privada, el Estado sigue siendo un catalizador esencial (permisos, planeación, cofinanciamiento, mantenimiento y seguridad).
- Si el gasto social crece y la inversión productiva no acompaña, el riesgo es una política pública centrada en redistribuir sin fortalecer suficientemente la capacidad de producir más y mejor (productividad).
Enfoque de competitividad: el nearshoring y la relocalización no se “decretan”; se habilitan. Y se habilitan con energía confiable, carreteras seguras, puertos eficientes, aduanas ágiles, estado de derecho y capital humano. La inversión física en 2.2% del PIB deja poco margen para una agenda agresiva de competitividad.
4) Costo financiero: el dato clave que explica por qué “el margen fiscal” se estrecha
El costo financiero es el impuesto silencioso de una deuda que crece cuando tasas y primas de riesgo son altas. El informe señala un costo financiero observado menor a lo programado por alrededor de 77.6 mil millones de pesos, y aun así el costo financiero total observado se ubica alrededor de 1.31 billones de pesos. Para política pública, esto tiene una consecuencia directa:
- Cada peso adicional en costo financiero compite contra inversión, salud, educación y seguridad.
- Cuando el balance primario es negativo, la deuda tiende a crecer más rápido, y con ella la factura de intereses.
Desde un enfoque de desarrollo, esto es crucial: sin superávit primario sostenido, la política fiscal termina operando más como administración de daños que como palanca de crecimiento.
5) Deuda: “sostenible” no significa “cómoda”
El informe destaca la deuda amplia (SHRFSP 52.6% del PIB) y la deuda pública (en su métrica de saldo) alrededor de 53.6% del PIB, con un portafolio mayoritariamente en moneda nacional, a tasa fija y con vencimientos largos. Ese perfil es una fortaleza: reduce vulnerabilidad cambiaria y de refinanciamiento.
Pero hay dos puntos críticos:
- El nivel de deuda puede ser manejable en comparación con algunos pares, sí; pero su sostenibilidad depende del diferencial entre tasa de interés real y crecimiento real, además del resultado primario. Con crecimiento moderado, el margen se reduce.
- La narrativa de sostenibilidad suele omitir el factor que más afecta a inversión privada: la percepción de riesgo institucional. En términos de competitividad, deuda “manejable” no compensa incertidumbre regulatoria, inseguridad o cuellos de botella energéticos.
6) Estabilizadores y amortiguadores: el FEIP mejora, pero no es infinito
El saldo del FEIP reportado ronda 127 mil millones de pesos, con aumento relevante respecto al cierre de 2024. Es una noticia positiva: aumenta el colchón. Pero no conviene sobreinterpretarlo: los fondos ayudan a suavizar choques, no sustituyen una estrategia fiscal de mediano plazo basada en ingresos permanentes, gasto productivo y reglas claras.
Conclusión
El informe de Hacienda muestra un esfuerzo de consolidación fiscal real en 2025: baja el déficit, se fortalece la recaudación y se estabiliza la narrativa de deuda. El dilema para México está en la composición: se puede tener disciplina y aun así quedarse corto en desarrollo si la inversión productiva permanece baja y el costo financiero absorbe margen.
Implicaciones prácticas para responsables de política económica:
- El siguiente paso de la consolidación debe ser mejorar el balance primario sin estrangular inversión productiva. La sostenibilidad verdadera se gana cuando el primario deja de ser negativo.
- La recaudación récord es una oportunidad para diseñar una ruta de mediano plazo: más base, menos fricción, no solo más fiscalización. Si la recaudación crece a costa de mayores costos de operación, se erosiona competitividad.
- Para elevar crecimiento potencial, la discusión fiscal debe reequilibrarse: gasto social con inversión física suficiente. Sin infraestructura, energía y logística, el país crece lento y la deuda pesa más.
Ficha del documento fuente
Título: Informes sobre la Situación Económica, las Finanzas Públicas y la Deuda Pública al cuarto trimestre de 2025
Organización: Secretaría de Hacienda y Crédito Público (Comunicado No. 9)
Fecha: 30 de enero de 2026