Inflación enero 2026: subyacente repunta y pega al bolsillo

Resumen ejecutivo

El INEGI reporta que en enero de 2026 la inflación general registró un avance de 0.38% mensual y se ubicó en 3.79% anual. A primera vista, el dato luce “manejable”. El detalle incómodo está en el corazón del proceso: la inflación subyacente —la que suele marcar tendencia y persistencia— subió 0.60% mensual y alcanzó 4.52% anual. En contraste, la no subyacente cayó -0.36% mensual y quedó en 1.39% anual.

El mensaje de fondo es doble:

  1. La desinflación avanza, pero no es pareja: los choques volátiles (no subyacente) bajan, mientras el componente estructural (subyacente) se mantiene alto.
  2. El peso del ajuste recae en la economía real, porque la subyacente pega en bienes y servicios que la gente compra cada semana, no en los precios que “se corrigen solos” por estacionalidad.

Análisis

1) El dato “bonito” está en la general; el dato “duro” está en la subyacente

Que la inflación general esté en 3.79% anual es una buena noticia para el titular. Pero que la subyacente esté en 4.52% anual cambia el tono: implica que el proceso de normalización es más lento en lo que realmente determina expectativas y decisiones de precios. En términos de política económica, esto suele traducirse en un mensaje claro: hay menos prisa para relajar condiciones monetarias si el componente persistente no cede con firmeza.

2) Mercancías: el repunte es el que más importa para el consumo

Dentro de la subyacente, el incremento mensual de mercancías (0.92%) es una señal relevante porque se siente de inmediato en el gasto cotidiano. Más aún: los alimentos procesados, bebidas y tabaco suben 1.63% mensual y muestran 6.13% anual. Ese es el tipo de presión que erosiona poder adquisitivo y empuja a los hogares a recortar consumo discrecional (y eso, eventualmente, afecta crecimiento).

3) Servicios: siguen altos, aunque con menor aceleración mensual

Los servicios avanzan 0.30% mensual y se mantienen elevados en anual (4.48%). Aquí la lectura es de “pegajosidad”: los servicios suelen responder a costos internos (salarios, rentas, regulaciones, estructura de mercado) y, por eso, bajan más lento. Para competitividad, es un recordatorio de que la inflación no solo se combate con tasas: también se reduce con productividad, competencia y menores costos de operación.

4) No subyacente: cae, pero no canta victoria

La caída mensual de la no subyacente (-0.36%) viene, sobre todo, de los agropecuarios (-0.86%). Energéticos y tarifas prácticamente no se movieron en el mes (0.03%). Esto es útil para el dato general, pero es volátil por naturaleza: hoy baja, mañana rebota. El riesgo sería vender esto como “misión cumplida” cuando el núcleo (subyacente) va en sentido contrario.

5) Lo que más empuja y lo que más alivia: una foto del bolsillo

Entre los productos con mayor incidencia al alza destacan cigarrillos, refrescos envasados y comida preparada fuera de casa (loncherías, fondas, torterías y taquerías). Del lado de las bajas destacan transporte aéreo, huevo y gas LP. Esta mezcla dice algo importante: la presión se está concentrando en consumos frecuentes y de amplia demanda (alimentos procesados y servicios de comida), justo donde el hogar no tiene mucha elasticidad.

6) Diferencias regionales: la inflación no pega igual en todo México

El reporte muestra variaciones mensuales muy distintas por entidad y ciudad: algunas zonas registran incrementos por arriba del promedio nacional, mientras otras están por debajo o incluso negativas. En política pública, esto importa porque las decisiones de salario, apoyo social y política de precios “se sienten” localmente. En desarrollo económico, es otra evidencia de que México es una economía heterogénea: una misma inflación nacional encubre realidades regionales distintas.

7) Lectura para crecimiento y desarrollo: inflación subyacente alta = menor margen

Cuando la subyacente sube, se estrecha el margen para estimular la economía sin reavivar presiones. Eso condiciona crédito, consumo y decisiones de inversión. Y aquí está el punto central desde tu enfoque: si el crecimiento depende demasiado del consumo, una inflación subyacente elevada termina siendo un freno; si el crecimiento depende más de inversión y productividad, la economía aguanta mejor. Por eso el problema no es solo “bajar inflación”, sino cómo evitar que la inflación persistente se coma el crecimiento potencial.

Conclusión

Enero de 2026 deja una señal clara: la inflación general se mantiene relativamente contenida, pero la subyacente se recalienta y eso es lo que define el “pulso” real del proceso. Para México, las implicaciones prácticas son directas:

  • Para hogares: la presión está en mercancías y consumos cotidianos; el alivio por agropecuarios es frágil.
  • Para empresas: costos y precios en servicios y mercancías sugieren que la normalización no está completa; ajustar márgenes seguirá siendo tema.
  • Para política económica: con subyacente arriba de 4.5%, el mensaje es de cautela; el espacio para bajar tasas existe, pero la persistencia manda.

Ficha del documento fuente

Título: Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) – Boletín de Indicador 74/26 (enero 2026)
Organización: INEGI
Fecha de publicación: 9 de febrero de 2026